El cielo

Los rincones secretos se desvelan, te desvelan. Ciudad, que renace gris desde el asfalto, ciudad que se desvanece teñida de negro, azul y gris...

El bar

Sonaba Valerie.
Y mientras, yo sumergía mis dudas en aquel vaso, de dudosa limpieza y aún más dudoso contenido.
¿Qué más da?
Ahogarte en alcohol...
O ahogarte en lo que piensas...
No.
Cogí mi chaqueta y salí corriendo del bar. Sabía que volvería, al igual que sabía que alguien me esperaba en casa; fuera quien fuese, tenía que volver. Y tenía que volver a lo grande.
De camino a casa, compré una rosa. Blanca, ¿qué si no?
El ascensor subía, yo sólo pensaba en dos cosas: quedarme, o saltar por la ventana. Ninguna parecía buena idea, aunque... tampoco eran malas.
Y ambas me daban miedo.
No, no, no, ¿por qué he vuelto? Tengo que irme, déjame ir, ¡déjame ir! ¡No debo estar aquí!
Aparece; despeinada, hermosa, peligrosa...y preocupada.

-¿Cariño? ¿Estás...estás bien?

No me mires así, no es cosa mía, tengo miedo, ¡¡TENGO MIEDO!! ¡Lo sabe, ella lo sabe, ambas lo sabemos! ¡¡NO!!

-Cásate conmigo

-------------------------

Allí, en aquel bar,
encontré a cierta mujer
de pelo de fuego
de ojos brillantes
como brasas;
y aquella mujer me dijo
"eres cobarde,
¡échale huevos y hazlo!".
Conocí a cierta mujer
en aquel bar de dentro,
de muy dentro de mi,
tanto como de ti.
Valentía, dijo llamarse.

--------------------------

¡Otra ronda jefe!

--------------------------

No es ningún antro. O tal vez lo sea.
Pero es un antro acogedor; sobre todo, para "los de siempre". Los que parecen vivir allí, haber nacido y haberse arrugado sobre ese suelo de piedra gastada, entre esas paredes de madera oscurecida, con Extremoduro presente todas las noches...