El cielo

Los rincones secretos se desvelan, te desvelan. Ciudad, que renace gris desde el asfalto, ciudad que se desvanece teñida de negro, azul y gris...

Los suburbios

Calles que, para fingir un mundo hermoso, guardan silencio en las memorias de los vivos.
La muerte tiñe de suave rojo el agua que, desde alguna tubería rota, cubre la calle hasta llegar a la alcantarilla. Los centros de perdición, los burdeles de putas baratas, aunque no más que a las que les han denegado trabajo en ellos, hacen caso omiso al intercambio de cristal por relojes robados de dudosa calidad que se efectúan en cada esquina.
Una mujer sacude el mantel a la calle mientras un marido borracho abofetea con saña a su primogénita.
Nadie nombra a los tres o cuatro violadores, ni se encubre a los niños que son usados como camellos a cambio de un dinero que agobia menos a sus ignorantes familias.
Ser atracado es lo mínimo con lo que de estos lugares puede escapar tu memoria. Lo que las ciudades jamás nombran, siquiera osan recordar, son las luces de neón y las medias rotas, cuando el alcohol es lo más saludable que puedes tomar en "El Valle de la Felicidad".
-Vaitiare-




Los cuatro edificios más grandes (la estación, el teatro, el directorio y la Sede) estaban construidos formando cuatro paredes. Gruesas y enormes, recluían un espacio cuadrangular al que nadie tenía acceso. La altura de los muros le conferían un silencio majestuoso y unas pocas horas de luz solar, y la mayoría del tiempo amanecía o atardecía.

Ese lugar abandonado era el jardín más bello jamás construido. Y lo era porque nadie lo había construido. La sombra y humedad habían cubierto todo de musgo y helechos, de un verde profundo y abismal. El agua residual de los cuatro edificios se filtraba, purificaba, y daba vida a todas esas plantas que cubrían paredes y arcos y columnas de edificios anteriores.

Yo observaba, desde arriba. Vi a Icra deslizándose junto a una figura, entre los árboles. Cerré los ojos y deseé ser yo quien estaba ahí abajo junto a esa figura. Y un abismo me rodeó por un momento y no pude abrir los ojos, pero sí sentir sus labios.

Hassney. 09-6-104-4