¿Sabes, Sandy? A veces la niebla tiene sentido. Como cuando es de noche y tiñe el aire de un color rojizo.
¿No te da la impresión en esos momentos... de que hay recuerdos suspendidos, cayendo, como si fueran nieve?
Ayer había niebla cuando volvía a casa. Y parecía que se apoderaba de la escasa luz que había en la calle, como si en el aire hubiese una magia extraña; recuerdo que llegué empapada a casa, con más ganas de llorar que en todas mis noches de soledad...
¿A dónde?
El cielo
Los rincones secretos se desvelan, te desvelan. Ciudad, que renace gris desde el asfalto, ciudad que se desvanece teñida de negro, azul y gris...
martes, 27 de marzo de 2012
viernes, 23 de marzo de 2012
Perso
Él la mira.
Ella lo abofetea.
Él la besa.
Ella lo abraza.
Él se marcha.
Ella corre.
Él se vuelve.
Ella no está.
-¡ME AMASTE SIN SABER QUIÉN ERA!
-Y sin mi vida seguí, y sin mi alma seguí amando.
En el portal donde la impaciencia de una llave ralla la puerta. En el lugar que jamás recordó un beso.
Sconosciuto...
Él se marcha, cuando jamás estuvo.
Ella cae. Nadie en las calles. Nadie sabrá.
Sarà come lacrime nel mare...
-Vaitiare-
Ella lo abofetea.
Él la besa.
Ella lo abraza.
Él se marcha.
Ella corre.
Él se vuelve.
Ella no está.
-¡ME AMASTE SIN SABER QUIÉN ERA!
-Y sin mi vida seguí, y sin mi alma seguí amando.
En el portal donde la impaciencia de una llave ralla la puerta. En el lugar que jamás recordó un beso.
Sconosciuto...
Él se marcha, cuando jamás estuvo.
Ella cae. Nadie en las calles. Nadie sabrá.
Sarà come lacrime nel mare...
-Vaitiare-
domingo, 18 de marzo de 2012
La chica de pelo corto está triste porque el chico de pelo largo se fue. Ya no tiene nieve sobre los hombros, y el verde empieza a teñir sus ojos.
Pero la chica de pelo corto sabe sonreír, y sabe gritar, y sabe llorarle a una guitarra; y sabe también que las cuerdas pueden gritarle al chico de pelo largo miles de gracias, miles de lo siento, miles de estoy bien que sí dicen la verdad.
Se fue el chico de pelo largo. Se fue el miedo. ¿Dónde irá la chica de pelo corto sin miedo?
Pero la chica de pelo corto sabe sonreír, y sabe gritar, y sabe llorarle a una guitarra; y sabe también que las cuerdas pueden gritarle al chico de pelo largo miles de gracias, miles de lo siento, miles de estoy bien que sí dicen la verdad.
Se fue el chico de pelo largo. Se fue el miedo. ¿Dónde irá la chica de pelo corto sin miedo?
sábado, 10 de marzo de 2012
miércoles, 7 de marzo de 2012
No me gusta el uniforme, me pica
....
¿Qué habrá para comer hoy?
...
¿Y si le digo que la amo?
...
Pipipiripiribipipiriiiiiii
...
No puedo más, o aprueba o lo saco de la academia
...
Y ya van 35 años juntos y no me canso de verla
...
Que me haya bajado, que me haya bajadooooo
...
Ouuuuuuuuuh qué cachorrito tan dulceeeee
...
¡Qué juventud!¡Mira qué pintas!
...
¿...por qué me mirará tan mal esa señora?
...
No, no me gusta el uniforme, pica
....
¿Qué habrá para comer hoy?
...
¿Y si le digo que la amo?
...
Pipipiripiribipipiriiiiiii
...
No puedo más, o aprueba o lo saco de la academia
...
Y ya van 35 años juntos y no me canso de verla
...
Que me haya bajado, que me haya bajadooooo
...
Ouuuuuuuuuh qué cachorrito tan dulceeeee
...
¡Qué juventud!¡Mira qué pintas!
...
¿...por qué me mirará tan mal esa señora?
...
No, no me gusta el uniforme, pica
domingo, 4 de marzo de 2012
Llegada a la ciudad.
Icra miraba
a su medallón más que al camino. Y es que no se atrevía a levantar la vista.
Más
allá del cielo azul oscuro y el suelo blanco… los años y la distancia habían
convertido sus recuerdos de la ciudad en fotografías en blanco y negro. Recordaba el frío. Los porches. Los
vendedores de florverde, húmeda y caliente. Las farolas de gas. Las calles
altas y estrechas, apuntaladas con vigas,
en un intento de detener el imparable avance hasta asfixiar a sus escasos
transeúntes. Los tejados desgastados, con musgo y barro.
No
sabía qué habría sido de todas aquellas estampas, solo esperaba que aquella
maquinización no hubiera acabado con todo, no hubiera puesto de manifiesto que
la realidad es tan frágil como el papel. Odiaba recordar que la esperanza de
hacer de esa realidad un mundo incorruptible era de las más venenosas utopías.
Y así, metido en el abrigo y contemplando aquel medallón, se quedó parado. Pero
seguía avanzando. La nieve estaba en suspensión, oía el crujir de sus pisadas, se
encontraba tan cómodo y sentía el exterior tan hostil que no se atrevía a
moverse. Ahora era la ciudad la que se acercaba a él irremediablemente. Comenzó
a distinguir una sombra enorme, sobre la que se cernía él, o al revés. Comenzó
a oír su propia respiración, como la de tres hombres en uno, luchando por avanzar,
por detenerse, o por huir. Sus seis brazos abrazaban con fuerza el medallón y
lo protegían de la nieve, y al fin levantó la mirada, oculta entre el cuello
del abrigo, el vaho, la capucha, su nariz picuda, sus cejas poderosas y su
flequillo.
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