El cielo

Los rincones secretos se desvelan, te desvelan. Ciudad, que renace gris desde el asfalto, ciudad que se desvanece teñida de negro, azul y gris...

miércoles, 18 de abril de 2012

Raíces y otros enredos

El tiempo es testigo de tantos cambios que nadie le creería si hablase.
Para hablar en su nombre, tiene a los artistas.
Y a los árboles.
Después de todo, casi podría decirse que esos seres inmutables, inamovibles, bellos, fuertes o delgados, verdes o desnudos, tatuados con amores ajenos (tal vez rotos, tal vez eternos...) son artistas.
Artistas del complejo paso del tiempo, convertido en células, células y células ansiosas de crecer, con un deseo  imparable de vivir; como aquella catedral gótica que hay en la plaza, con un misterioso empuje hacia el cielo.
Tal vez busquen lo mismo que nosotros.
Aprendamos de los árboles, artistas; saben mucho más que cualquier ser humano.

jueves, 12 de abril de 2012

Extraño

-Quizá sea lo más extraño existente, pero es lo que conozco, así que no lo considero como tal. Puede que sea yo quien considere su vida anormal. Personalmente, y sin ánimo de ofender, es usted lo más raro que jamás he conocido pero, ¿acaso no piensa lo mismo de mí?
-Es posible pero...¿qué demonios?, ambos miramos la misma Luna antes de caer en brazos de Morfeo.
-Sin embargo, para mí no es sólo la Luna.
-Para mi lo es.
-He aquí el por qué de considerarnos gente rara los unos a los otros.
El hombre de la gabardina beige levantó su sombrero en señal de despedida y marchó calle abajo.
-Vaitiare-

lunes, 2 de abril de 2012

No fuma, pero enciende el cigarro con la elegancia de una rebeldía a duras penas controlada.
No bebe, pero una botella de vodka pende de su mano, medio vacía.
No ama, pero ansía el olvido mientras recuerda.
Si arrancar la moto no fuese una buena idea, el dios en el que no creía lo hubiese detenido. Pero, ¿acaso se puede retener a quien no obedece, siquiera escucha, a nadie más que a sí?
No llovía, tampoco el viento recorría las calles. Almas sin sueño eran única compañía de quien en soledad se hallaba capaz de tomar una decisión objetiva en un lugar donde los recuerdos creen en mentiras, solo porque es necesario para sobrevivir.
La ciudad  no solo es el dulzor del posarse en otoño una hoja caída en la hierba, tampoco es el solitario caminar de la brisa, ni la espesura de los rizos de las niñas mientras saltan a la comba. La ciudad jamás fue solo belleza. Y él estaba allí, como mal creyente de risas, viendo también la maldad y el sufrimiento de aquel pobre anciano sin hogar del callejón, el látigo de un insulto que al niño albino hará desear escapar a otro lugar, otra ciudad con distinta historia. Podía verlo todo, incluso exagerarlo.
¿Debiera girar las llaves del contacto de la moto? No. Sin embargo, ¿quién iba a impedirlo? En las ciudades, escrito o sabido e ignorado, nadie se preocupa por nadie una vez uno se refugia en su hogar. Y lo que pase en la carretera, quién se deje la piel en el asfalto, o cuántas veces pienses el partir sin decir una palabra, no importa hasta que se vuelve a las calles. Y, con el tiempo, ni las aceras saben quién las ha pisado y el pasado se distorsiona entre "me dijeron" y "¿recuerdas?".
Cuando los recuerdos creen en mentiras, se tornan peligro para todo aquel que los guarda. Y él estaba hecho de peligro.
Arrancó.
-Vaitiare-
...aullando a la luna