La calle hierve de gente. Gente normal, gente espectacular que cada día lucha titánicamente contra los cambios para seguir nadando en paz dentro de su rutina. Gente que camina cada día con el mismo andar, con el potencial de echar a correr.
La chica poeta, delgaducha y desgarbada, se detiene a escuchar. Las conversaciones tampoco cambian mucho de un mes para otro.
Por eso le gustan los extranjeros, lástima que haya pocos. Tienen otra mirada.
Una mirada curiosa, ajena, atenta y recelosa; como de animalillo herido, reticente a los cuidados.
La mirada de quien tiene muchas cosas por perder y muchas por ganar
Como el tigre cuando enfrenta a un elefante.
Un elefante grande, gris, pesado y severo, con larga trompa para atraparte fácilmente.
La chica poeta dibuja un elefante. Y al lado escribe, con letra pequeña:
"la rutina es un elefante de culo gordo, corbata hortera y gafas cuadradas que te atiende con hastío en la ventanilla de atención al cliente"
No hay comentarios:
Publicar un comentario